lunes

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Nunca más empezaré de nuevo. No soy y punto. Soy el mar. Soy el mar en un vaso descartable. Aquel que suena en mis audífonos supernova. Aquel que está paneado 50-50 para escucharlo en stereo en una tarde de miedo y desesperación. Soy una lista de 40 items, soy mis ganas de escribir. Discúlpame, no quiero hacerte daño, pero te haré daño. Quiero flores porque me gusta el amor, sí. Divertido y meloso, con frases al oído, escalofríos y besos en el cuello. Me gusta escribirles poemas a los momentos. Por eso me gusta Platón solo cuando se trata de escribirle a sus musas. Y las rocas pequeñas con pirita o las conchitas urbanas. Pero no sé qué tiene que ver esto de las rocas con mi desfogue. Iba en eso de aprender a vivir en un ring de box que leí en el texto de Gordon Willis, de conservar el fuego tras una sonrisa, como Maruja, que la tenía de lejos más difícil. No quiero morir, porque eso llegará de todos modos. No quiero ser efímera ni perder las certezas. Tengo miedo de seguir llorando luego de que me salga la muela del juicio. Leí las instrucciones para llorar de Cortázar y me quedé pensando. Ya no, es hora, ahora sí, nunca más. No empezaré de nuevo. No he perdido nada. Soy solo yo y mis errores, mis no-errores y mis no-culpas. Soy las cuculí de mi barrio en invierno, soy única y -eso sí- recuerdo que no soy la única única. Pero, quiero ser cada vez más yo, más que Maruja en un ring de box.