domingo

Yambu de partida


b:No te pido ayuda para abandonar la vida. No estoy abandonando nada. Mi muerte te ama y te pide que la ames.
a: Entonces, ¿puedo morir contigo?
b: No. Te pido que me ames y que te dejes amar, no que seas mía.
a: Quiero ser tuya
b: Si eres mía no puedes amarme. Quédate en la vida. Dejame morir con tu amor, no con tu pena. Dejame sentir este desenfreno de entrega total, este extasis de ti sin que dejes de ser tú; esta locura de tu vida completamente ajena a mí
Robles Godoy 2004, 181
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Muchas cosas pasaron y, sobre todo, dejaron de pasar, para que en este momento de mi vida, comprendiera otras, aquellas y sus razones, las ideas y sentires que las rodearon y soportaron.
La muerte, en el cuento de Robles Godoy, es lo inalienable. Y es importante por el simple hecho de que sucede y es inevitable. La muerte le sucede a uno. Y es porque es el fin de la vida. Y la vida le sucede a uno, pero no todo sucede inevitablemente en ella y eso es lo grandioso. Digamos que el amor existe. Aquello sería entonces el inevitable deseo de tener su vida cerca de la tuya. Pero, se trata de la busqueda propia de algo más que será alimento de los días, aleccionador de las emociones, sensibilizador de las razones, que lxs mantendrá atrayéndose y alejándose para volverse a atraer, que lo enredará todo, que lxs unirá en ese momento. No del olvido, no de la fusión irremediable. Es tan claro ahora. Y tan sencillo escribirlo. Dos vidas, que suceden y eligen diferente, caminan y tropiezan, paralelas ahora. El camino termina. Ellxs no.